Aeropuertos vacíos

[fragmento de novela inédita]

Él sabía que muy adentro todos cargamos un estuche para lo aterrador. Que la versatilidad de lo que nos persigue a los rincones más remotos es igual al mundo submarino. Colores, texturas, tamaños, dimensiones, perspectivas…simuladas todas en la superficie, deambulando en lo nocturno del mar. Lo más obscuro de nosotros – me decía – está hecho en sfumato. Y yo que no sabía mucho de arte: ¿Cómo así? , – Sencillo. Añadió, capas finas, como mantos fantasmales que revisten el canvas hasta llegar a la figuración, como Da Vinci propuso.

Y algo de cierto había en esa metáfora. Yo, que había vivido intensamente tantos cambios durante la vida me había resignado a pensar que las experiencias me llevaban siempre a una falta irresoluta en el otro. Las personas siempre tendían a pensarse mejor de lo que eran, un boceto del enmascaramiento. Pero allí, dónde nos encontrábamos ahora, no había espacio para pensar lentamente la malicia. Había que actuar descaradamente la sobrevivencia aún así implicase la anulación del otro.

Calixto, fotógrafo y dibujante, teorizaba las horas, un pensamiento sustancia con la morfología de unos brazos amarrados a la soga de la imposibilidad. Esto me parecía muy poético pero no lejanamente falso. ¿Había cabida para tanto razonamiento dentro de esas circunstancias o hubiese sido preferible ser menos humano?

El estado de la distancia propone un cristal imaginario en el que la nostalgia está contenida adentro de un escaparate. Estar lejos de su país proponía una otredad que no la sobrevivía el concepto. Es lo mismo que suscita un muelle o la línea que margina el océano de todo lo demás.


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