Fragmento de novela

Mirando por la ventana mientras se escucha Weary Blues interpretada por Johnny Hodges y Duke Ellington, el sax me hunde en el pensamiento: hay un tiempo duro para amar y es este. La objetificación del propio ser ante todo, como concepto que antagoniza lo que se desenvuelve frente a sí mismo…cómo no ha de haber escepticismo en el acto desprendido de otro?, cómo no ha de haber una cuerda floja a punto de romperse en el mensaje de una voluntad de amar, o una comodidad sostenida, en el estar quieto frente a otro, como un pincel hundido en la humedad de la acuarela. Estos Days of Wine and Roses de Wes Montgomery, que nos recuerdan que una copa de vino o una rosa no son nada si se tienen en la soledad. No es lo mismo guardada en un domo de vidrio. O acaso el vino es la rosa líquida que nos recuerda aquello que antes era dar y ahora apenas se nos olvida porque el mensaje constante es confrontarnos a un espejo que es un lago que todos los dias se evapora y hay que zambullirse para rehacerlo de nuevo cada mañana. Yo una vez quise decir una verdad. Pero la palabra amor no fue suficiente. Acaso el tigre de cristal se impone como un piano de hielo carente de un humanismo que si acudiese a la melodia de la fragilidad entonces se atisbase una esencia como el aire sostenido en la esencia de las cosas. Quien ama es desperdicio en estos tiempos que el ruido todo lo devora y los reflejos del agua son fauces que aciagos atraviesan el numen.

[Fragmento, escritura en proceso/glendalys marrero♤]

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