Las zonas más áridas son aquellas en las cuales viaja el agua y se incrusta en las piedras del surco. Adormecida la lengua llega el hijo de una bestia que copula en las copas de ârboles gigantes y pueblan una selva inhóspita. Allí se recrea la fiera rebuscando con pezuñas de metal un manjar de frutas preservadas por un hombre ya muerto que yace justo al lado de su caballo vencido. Qué cosas musitaba, qué de terribles sonidos burbujeantes que hacía callar los pájaros de aquella tarde, de todas las tardes, de los silencios terribles que irrumpían, relámpagos de aire. No había un alma sino la de esta fiera que despacio recorría las veredas entre árboles sin tropezar ni una vez. De camino a despojar en el agua los demonios que la pueblan y que encantados son un largo hilo enredado: una esfera que aglutinó cosas de otro tiempo y del tiempo en otro tiempo, un vórtex de escenarios y cosas que marcan el tiempo. Como una taza mirada desde arriba. Sabes que los sueños se encuentran ahí despertando, insólitos sonidos en la memoria, injerto del tiempo en otro tiempo contenido. Despojaría la bestia su piel desgarrada de humaredas que salen de su boca regurgitando algunas horas perdidas, imaginando su próxima cosecha? Uno que hablaba en lenguas contaba que en medio de la selva yacen en el aire los corazones de aquellos que la atravesaron en la noche. Imposible dormirse entre esos gigantescos árboles para soñar con jaguares del tamaño de una casa, quebradizos como el pisar sobre las hojas secas con el aroma del musgo que habita en esas sombras. Quienes sueñan han contado que despiertan y ven desde los ojos de un jaguar el suelo cubierto de hojas que crujen al paso de la bestia. Una flor de lava revienta ante sus ojos: la fiera despierta.

[fragmento de escritura]

glendalys marrero

«A veces cuando escribo pienso que al otro lado están los ojos vacíos de una fantasma lectora de códigos oblicuos y que es el lenguaje cifrado el que muestra los abismos en los que estará suspendida una vez desatada la escritura, caballo salvaje, una vez pausada, abandonada, una ruina concluida y hasta tal vez repetida, desbordada la mirada fantasma que salta de palabra en palabra suspendida sobre el vapor del ser, seducciones del lenguaje: un mecanismo invisible como fulguraciones mínimas y un tropiezo que desata el engima de un árbol que duerme.»

glendalys marrero~

Lectores

Gracias a lectores que se han interesado en el libro Conversación en la neblina. A los que me han escrito emails, a los que me han contactado via instagram. Gracias por leer! A los que me han preguntado: aquí mismo en el blog puedes adquirir el libro. El libro también se encuentra disponible en Librería Mágica. El libro contiene relatos, prosa poética y poesía. Gracias por respaldar la literatura contemporánea puertorriqueña.

Glendalys

Conversación en la neblina

A los ojos lectores que han expresado el interés en saber la fecha de publicación de este libro les escribo emotivamente para enterarles que este objeto ya ocupa espacio en nuestro universo de cosas.

Lo pueden reservar escribiéndome al email: alys.marrero12@gmail.com o pulsando en la columna lateral. Les presento la maravillosa portada diseñada por la artista gráfica Adaris Garcia Otero. Y el comentario en la contraportada, que es un texto maravilloso en sí mismo, escrito por nuestra gran escritora puertorriqueña Marta Aponte:

Espero que su lectura sea un viaje a la multiplicidad de universos que nos ofrece el mundo, un viaje al enigma que habita en la mente y en las cosas. ¡Gracias por leer! ¡Gracias por apoyar nuestra literatura puertorriqueña!

Baliza para la literatura

La velocidad que se escuece en estos tiempos implica que las pausas son cada vez más fugaces. Son vorágines de alto voltaje. Vivir implica el movimiento constante y veloz de las cosas, los gestos, las inquietudes en el traslado de un cuerpo de un lugar a otro. De igual manera esa circulación aplica a la mente. ̣¿Cuán posible es el espacio literario contemporáneo? Supongamos que se logra lo cuestionado anteriormente ¿cómo se caracterizaría el espacio, si alguno, que subyace a la crítica literaria? Son ademanes vulnerables a la diseminación del olvido como contraparte.

El ciberespacio que ocupa nuestras mentes no requiere sutilezas. Cada vez la literatura se halla más arrinconada. O es olvidada con mayor frecuencia. Y alguien dirá: todo se olvida. Y sí, hasta uno mismo es sujeto a olvidarse de su propia existencia. Pero más allá de ese vacío inherente a la ontología más humana hay un rescate para todo olvido. Luego del deseo inocente de que el gesto cultural sea apreciado, está la realidad voluptuosa de que ese deseo es sobretodo deseo, es esencialmente deseo. No todo sujeto se piensa ubicado en un espacio cultural, y muchas veces ni se piensa como actor sociológico. Hay veces que los sujetos ni se piensan a sí mismos.

Entonces, en un paisaje realista (más realista que las aburridas bailarinas de Degas): el espacio literario es uno que contiende para ‘ser’, en términos aristotélicos y hegelianos. Es ubicar el barco esclavista en la pintura de Turner. Señalar el dolor en un cuadro de Basquiat. El sujeto escritor es el desafío a esa velocidad y presencia acaparadora de Golem. Es un sujeto que se asemejará más a la luz. Con esa velocidad siempre constante para lograr el reflejo, a pesar de contraponerse a la materia más densa, su emisión constatará el centelleo que distinguirá ‘lo literario’, como decía Valéry, de todo lo demás. Es acaso el escritor el artista que asume el más arduo de los retos. La música por su naturaleza se manifiesta de una manera que tendrá un receptor presente, quiera o no quiera, en el lugar que haya música sin audífonos, habrá un receptor. El artista plástico ocupará un espacio innegable y nunca separable a su obra. Para quien tenga ojos, el brochazo, la forma, la textura estará ahí, y aún sin voluntad, el espectador tendrá que reconocer su hallazgo o lo que ha sido revelado ante sus ojos como materia concreta, frente a sus ojos ha acontecido el arte. Es la literatura el lugar que habrá de realizar su compleja tarea de atraer como moléculas a los lectores e incitar que ese lector preste el espacio de su mente, detenga su prisa, distienda su ontología y ocupe el espacio literario.