numerus

No hay artificio mejor construído que la literatura. A este enunciado alguien pudiese reaccionar proponiendo su antítesis por el solo hecho de verse reflejado en ese espejo. Desconoce que para los antiguos la ‘mancia‘ de las cosas se hallaba en los espejos. Los espejos no destellaban reflejos de lo exacto sino de lo posible. Cuando se intenta representar a la realidad no hay nada más lejano a ella que la literatura. Satie o Chopin dirían que me equivoco, acaso para sentirse verdaderos. Pero la música nunca ha querido representar realidad alguna. La literatura sí. Y ese hecho la hace más artificiosa. Cuántas veces no hemos aceptado la noción de ‘la página en blanco’, nada más artificioso que eso. Lo más parecido es el concepto de los números reales. La matemática es acaso lo más parecido a la literatura. Aún cuando se intenta capturar el gesto humano en un personaje o una ideación, es imposible. Por tanto la literatura es el gesto imposible del lenguaje. Digo imposible como concepto matemático. Su conceptualización es parte de una arquitectura forjada en el vacío o la voluntad. Su finalidad está atada a un vacío y una voluntad. La música, para responder a Satie, es ejecutada y percibida y aunque tiene su lugar en el transcurso del tiempo y su transferencia de voluntad está adherida a su ejercicio o emisor. Hay una pulsión que se acerca a la idea de un latido. La literatura podría surgir en un osario, un campo de hierbas silvestres donde hubo una batalla y las piedras del suelo encubren cadáveres alguna vez muertos por el frío y el hambre.

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